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En la buena nueva del nacimiento de Jesús los evangelistas
narran que apareció en el cielo una estrella. Los magos, que vinieron del
Oriente buscando a Jesús, fueron guiados por esta estrella hasta Belén.
La estrella tiene
cuatro puntas luminosas que representan las cuatro direcciones de la
tierra: norte, sur, este y oeste de donde vienen los hombres para adorar
la gran luz que es el Hijo de Dios.
Cristo es nuestra
estrella, la estrella que apunta el camino de nuestra vida. Cuanto más nos
aproximamos a su luz, más somos también nosotros luz y estrella, guiando a
otros hacia el encuentro con Dios. Todo cristiano es una estrella de fe,
de amor, de esperanza para su hermano. Nuestra familia, nuestra comunidad
pueden también ser una estrella para los demás si en ellas se vive
verdaderamente el evangelio de Jesús.
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