|
Cuando queremos a una persona, le damos regalos. Dios nos
ama y quiere nuestra felicidad, por eso nos dio el mayor de todos los
regalos, nos dio a su propio Hijo Jesús. En cada Navidad recibimos a ese
Hijo de Dios que vive entre nosotros.
También nosotros
queremos retribuir ese regalo y, como sabemos, por lo que Jesús nos
enseñó, que él está en cada uno de nosotros, creemos que ofreciendo
regalos a nuestros hermanos estamos dando al mismo Jesús.
Dar regalos a los
otros, a nosotros mismos, a Dios, es vivir el cristianismo que es amor,
servicio y donación de uno para la felicidad de los hermanos.
En 1846, un artista y
comerciante llamado J. C. Horsley, presentó por primera vez una tarjeta,
donde recreaba con un hermoso cuadro familiar, de brindis y fiesta, el
deseo de:
"Feliz
Navidad y Próspero
Año Nuevo"
Este original saludo
fue inmediatamente imitado.
Al enviar una tarjeta de
Navidad nos estamos deseando felicidad, pero también nos reencontramos, y recordamos el acontecimiento histórico de nuestra salvación:
el nacimiento del Hijo de Dios en Belén.
|