Sitio web de la Parroquia San Miguel Arcángel – Rosario – Argentina

C

Caminos

Son las ocho de la noche, Juan Condori inicia el viaje de retorno a la ciudad de Cochabamba de donde sale todos los días en busca de trabajo. Hoy estuvo en Quillacollo y tampoco encontró ocupación.
Da los primeros diez pasos y las primeras gotas de lluvia se estrellan en el asfalto de la carretera hacia la ciudad del valle; no avanza ni una cuadra y la torrencial lluvia le obliga a buscar refugio en una de las tantas paradas de buses y microbuses que pasan veloces inundados de luz y de gente; no puede viajar en uno de ellos, pues no tiene ni un solo centavo; entre el ensordecedor ruido y las luces que rompen la oscura noche, distingue la extensa carretera que está pronta a tragarse a quienes siguen su ruta.
La imagen del camino, brillante de agua y las luces dispersas, le traen a la memoria otro camino asfaltado, un camino seco bajo un sol radiante y candente que achicharra las plantas de los pies, causa una torturante sed y quema los ojos con la resolana que es látigo de fuego; y el viaje es también una marcha forzada, sólo que son miles los marchantes; es que Juan Condori es un trabajador minero “relocalizado”, por no decir despedido de su fuente de trabajo que, junto a su familia, se fue a Cochabamba en busca de mejores días y oportunidades: éstas no llegan y más bien parecen alejarse más.
Amaina la lluvia y reinicia la caminata, desea llegar a la precaria vivienda que le prestaron en Cochabamba, donde le espera la familia. Antonia, su esposa, y sus cinco hijos; la hija mayor, con apenas 16 años, es su mayor preocupación, ella debería estar estudiando igual que los demás , pero… nuevamente piensa en el camino Oruro-La Paz y su mente le introduce en aquella marcha, en ella caminaban por defender sus derechos y el de todos los bolivianos, recuerda que se llamó la “marcha por la vida y la paz”, ¿de qué vida se habla?… ¿De qué paz se habla?… ¡Si sabemos que mientras haya hambre no existirá paz…!
Está cansado pero sigue caminado, absorto en sus pensamientos, los vehículos pasan raudos cerca de él y no le impiden pensar.
-No sé por qué nos pasa esto… antes caminé largo rato hasta la mina entre cerros, montañas, ríos y quebradas… ¡ah!, y luego ese camino caliente y bajo un sol fuerte… y ese gobierno que no nos deja llegar a La Paz… ahora es de noche, estoy mojado y tengo frío… ¡ah, y esta noche es Navidad…! ¿Por qué me pasa esto a mí?… estoy ya envejeciendo, me siento enfermo, sin trabajo, sin dinero… y lo peor… no llevo nada a mi casa.
Y las lágrimas se mezclan con la lluvia que, aunque es débil, sigue cayendo. Se sienta a la vera del camino a descansar, aún le falta mucho para llegar a su destino. De alguna casa llegan a sus oídos las alegres melodías de los chutunquis y recién advierte alguna gente portando regalos, paquetes y aquellas cosas propias de los “pesebres” y “arbolitos”.
-Y yo… ¡no llevo nada a mi casa…! Segurito que mis pequeños están esperando sus juguetes como todos los años… y ni siquiera para un té con pan tenemos…
El llanto y la tristeza se tornan en rabia y sus meditaciones ahora son imprecaciones.
-¿Por qué tiene que pasarnos esto?… ¿acaso no hemos trabajado nunca?… este gobierno verdugo nos está matando de hambre… ¿acaso somos flojos?… ¿es que la Navidad es sólo para unos pocos?.
También piensa en sus compañeros… en sus ex compañeros de trabajo, ¿ellos estarán así?
-Dios mío… ¿por qué estamos sufriendo todo esto?… ¿por qué mis hijos tienen que padecer hambre y todo lo demás?… o… ¿es qué no existes? ¿Es qué todo lo que se dice de Dios es una vil mentira?… sí… creo que Dios no existe… si existiera… ni frío… ni miseria… ni delincuencia… ni droga… ni… ¡todo es una mentira!.
Está cerca de la ciudad, los vehículos pasan con menos frecuencia, de ida y de vuelta… ya son las once de la noche… estará con los suyos casi a las doce…
-Esta noche es Navidad… Navidad no debería haber… ¿acaso hay Dios?… la Navidad es para los ricos y los explotadores… la Navidad es para los que tienen plata… Dios es sólo para ellos… nosotros los pobres no tenemos Dios… así que no tenemos Navidad… pero ¿qué les diré a mis hijos…? Ellos no entienden esto… y mi pobre Antonia que pensaba cocinar algo especial… ¿qué… qué les diré…?
Y las lágrimas nuevamente corren por sus mejillas.
-Ya sé… ahora mismo vendo mi saco… ¡claro! Aquí en esta parada… una de estas comerciantes me va a comprar… ¡Señora! Señora, ¿no quieres comprarme este saco? ¡Está nuevecito, señora…!
La pregunta y el afán una y otra vez. Está en otro lugar donde varias mujeres cargan su mercadería a un camión. Dejó ya de llover.
-Señora… no quieres comprarme este saco, seño…
-No… no caserito… mejor ven… ayúdame a cargar estos bultos… si no me ha de dejar este carro… apúrate pues, ven a ayudarme…
Hace un esfuerzo por no llorar ni maldecir… y obedece a la mujer que le pide ayuda; luego de realizado el trabajo, la mujer le ofrece unos billetes y una pequeña bolsa con algunos panes y quesillos típicos del valle…
-Gracias caserito… si no fuera por vos… no habría podido terminar de cargar… gracias y aquí tienes por tu ayuda
-Gracias a vos… señora… ¡muchas gracias…!
Parte el carro, y Juan se dirige a su casa… está cerca ya casi son las doce… llega Navidad.
-Por lo menos estos panes ofreceré a mis hijos… con estos pesos compraremos un poco de azúcar y té … ¡si me da una rabia!
Se acerca a la casa que se divisa, pero… todo debería estar oscuro…
-Hay luz… en la casa… mucha luz… además estoy escuchando música, sí creo que es una fiesta o… ¿acaso me he equivocado de camino?… no… no, este es mi camino… sí, este es el barrio… pero… ¡¡por qué esa música y esa luz!!
Al fin llega a su casa y a su encuentro van sus pequeños hijos y los vecinos, sí, son los vecinos más cercanos.
-Don Juan… dónde se ha perdido, pues… tanto lo estamos esperando.
-¿A mí?… para qué será… ¿le ha pasado algo a mis chicos o a mi Tuca?
-No… no don Juan…, no ha pasado nada… lo estamos esperando para pasar juntos la Navidad…
-Claro don Juan… juntos pues pasaremos la Navidad… ya somos conocidos, no ve que ya están más de tres meses aquí.
-Pero… es que yo no tengo nada… bueno… no me acordé de la Navidad… y bueno… he ido a buscar trabajo.
-No te preocupes de eso ahora don Juanito… ya estamos doña Antonia y tus hijitos… ya están jugando con los otros chicos del barrio… los del Camba Soruco también están aquí… ellos son nuestros otros vecinos… también está el Potoco.
Entra en su habitación donde se encuentra su esposa, llorando, observando el pesebre arreglado por sus hijos… abraza a su esposo y juntos… muy juntos en sus almas lloran por ese momento tan doloroso, tan emocionante.
Juan y su esposa entran nuevamente en su vivienda y tras ellos los vecinos que los abrazan…
-Feliz Navidad, don Juan… esta noche es noche buena… es Navidad… todos nacemos de nuevo, doña Tuca… una nueva vida se inicia… ya verán que todo se arregla… ¡sólo hay que tener fe en el que acaba de nacer…! Jesucito nos apoyará… vamos, don Juan… ¡Feliz Navidad!
Al escuchar “Niño Dios”… Juan mira el pesebre pensando en la imagen de Jesús niño… pero casualmente … alguien puso en él un gran pan… cual si fuese el cuerpecito del Redentor.
-Perdón, Dios mío…, perdón Jesús…
-Pero don Juanito, qué te pasa pues…
-Pasa que estoy naciendo de nuevo yo también… don Carlos… Y amigo Soruco… queridos vecinos… perdón, Jesús mío… Dios mío, sí existes… ¡claro que existes…! Existes en el corazón de los hombres de buena voluntad… en el alma de los buenos vecinos… vecinos como éstos… gracias, don Carlos… gracias don Soruco… Dios existe en el corazón de todos, grandes y chicos… ricos y pobres… jóvenes y viejos… que como ustedes piensan en los demás para compartir lo que tienen. Perdone que llore, Don Carlos… ese pan que está en el pesebre, ese es el cuerpo del niño Jesús… ¡¡ese es el pan que nos une, don Soruco!!… ese es el pan de Navidad… es Navidad compartida por todos los de buena voluntad… saben queridos vecinos… esta noche estaba pensando en unos caminos… pero… mejor… para que les cuento, este es el camino de la vida y la paz… la unión de los hombres… y… JESÚS SE REENCARNA EN EL CAMINO DE NUESTRA LIBERACIÓN ¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!
(Cuento de Oscar Elías Siles, 1er. Premio Concurso de Cuento Navideño 1986, Bolivia)

REFLEXIÓN

Lo importante en Navidad no es la fiesta, los regalos y las compras. Pensemos que la primera Navidad fue la Navidad de unos pobres, María y José, que no hallaron lugar en la posada del pueblo de Belén y tuvieron que ocupar un lugar deshabitado para que naciera el Niño (Lucas 2,7). Por eso, la celebración cristiana de Navidad que cada año recordamos, ha de ser la fiesta de la solidaridad, del amor, del compartir, de comenzar a vivir la vida con ojos de niño, de confiar en Dios que no olvida a su pueblo.
Los vecinos de Juan, el personaje de este cuento, saben acogerlo, ayudarlo y festejar compartiendo desde su pobreza. El pan que ocupa el lugar del Niño en el pesebre, es un símbolo de que donde no se comparte el pan no está el Señor y al revés, donde se comparte allí está Jesús.
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Canción de Vida

Como cualquier madre, cuando Karen supo que un bebé estaba en camino, hizo todo lo posible para ayudar a su otro hijo, Michael, de tres años de edad, a prepararse para la llegada.
Los exámenes mostraban que era una niña, y todos los días Michael cantaba cerca de la panza de su mamá. El ya amaba a su hermanita antes mismo de que ella naciera.
El embarazo se desarrolló normalmente. En el tiempo exacto vinieron las contracciones. Primero cada cinco minutos, después cada tres, y luego cada minuto. Entretanto surgieron algunas complicaciones y el trabajo de parto de Karen demoró horas. Todos discutían la necesidad probable de una cesárea.
Hasta que al fin después de mucho tiempo, la hermanita de Michael nació. Sólo que ella estaba muy mal. Con la sirena a todo volumen, la ambulancia llevó a la recién nacida hasta la unidad de terapia intensiva neonatal del Hospital Saint Mary.
Los días pasaban y la pequeñita empeoraba. Los médicos dijeron a los padres que se preparasen para lo peor dado que había pocas esperanzas. Karen y su marido comenzaron entonces con los preparativos para el funeral. Algunos días atrás estaban arreglando el cuarto para esperar por el nuevo bebé, hoy los planes eran otros.
Mientras esto sucedía, Michael todos los días les pedía a sus padres que lo llevasen a conocer a su hermanita, “yo quiero cantar para ella”, les decía.
Cuando llevaba dos semanas la bebé en la UTI se esperaba que no sobreviviese de esa tarde. Michael continuaba insistiendo con sus padres que le dejasen cantarle a su hermana, pero en la UTI no se permitían niños.
Entonces Karen se decidió, ella llevaría a Michael al hospital de cualquier forma. El todavía no había visto a su hermana y, si no era ese día, tal vez no la viese viva.
Ella vistió a Michael con una ropa un poco mayor, para disfrazar su edad y se encaminó al hospital. La enfermera no le permitió que entrase y le exigió retirarse. Pero Karen insistió “él no se irá hasta que vea a su hermana”.
Karen llevó a Michael a la incubadora. El miró para aquel trocito de persona que perdía la batalla por la vida. Después de algunos segundos mirando, él comenzó a cantar con su voz pequeñita: “tú eres mi sol, mi único sol, tú me haces feliz, aún cuando el cielo está oscuro…”.
En ese momento, el bebé pareció reaccionar. Las pulsaciones comenzaron a bajar y se estabilizó. Karen alentó a Michael a continuar cantando. “Tú no sabes querida, cuanto yo te amo, por favor no te lleves mi sol…”.
Mientras Michael cantaba la respiración difícil del bebé se fue volviendo suave. “Continúa querido”, le pidió Karen emocionada.
“Otra noche, querida, yo soñé que tu estabas en mis brazos…”. El bebé comenzó a relajarse. “Canta un poco más Michael”. La enfermera comenzó a llorar.
“Tú eres mi sol, mi único sol, tú me haces feliz, aún cuando el cielo está oscuro… por favor no te lleves mi sol…”.
Al día siguiente, la hermana de Michael ya se había recuperado y en pocos días fue a su casa.
La revista Woman’s Day llamó a esta historia “el milagro de la canción del hermano”, los médicos lo llamaron simplemente milagro. Karen lo llamó el milagro del amor de Dios.

Autor desconocido

REFLEXIÓN

Nunca abandone a quien usted ama. El amor es increíblemente poderoso. Que usted tenga la certeza que está donde debe estar. Que usted use las gracias que recibió y transmita el amor que le fue dado, que usted se sienta feliz por ser hijo de Dios. Dance y camine al sol, que el brilla para todos nosotros.
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Cántico

Omnipotente, Altísimo, bondadoso Señor,
tuyas son la alabanza, la gloria y el honor,
tan sólo Tú eres digno de toda bendición
y nunca es digno el hombre de hacer de Tí mención.
Loado seas por toda creatura, mi Señor,
y en especial por el señor hermano sol
que alumbra y abre el día, y es bello en su resplandor
y lleva por los cielos noticias de su Autor.
Y por la hermana luna de blanca luz menor
y las estrellas claras que tu poder creó
tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son,
y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!
Y por la hermana agua, preciosa en su candor,
que es útil, casta, humilde: ¡loado mi Señor!
Por el hermano fuego que alumbra al irse el sol
y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado mi Señor!
Y por mi hermana tierra que es toda bendición
la hermana madre tierra que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos y flores de color
y nos sustenta y rige: ¡loado mi Señor!
¡Servidle con ternura y humilde corazón!
¡Agradeced sus dones, cantad su creación!
¡Las creaturas todas, load a mi Señor!
Loado seas, mi Señor, por los que perdonan por tu amor
y soportan enfermedad y tribulación
Bienaventurados los que sufren en paz
pues por Tí Altísimo, serán coronados.
San Francisco de Asís
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Carta al Hombre de Adviento

Querido hombre:
He escuchado tu grito de Adviento. Está delante de mí. Tu grito, hombre, golpea continuamente a mi puerta. Hoy quisiera hablar contigo para que repienses tu llamada. Hoy, hombre, te quiero decir: ¿Por qué “Dios” preguntas? ¿A qué “Dios” esperas? ¿Qué has salido a buscar y a ver en el desierto?
Escucha a tu Dios, hombre de Adviento:
“No llamés a la puerta de un ‘dios’ que no existe, de un ‘dios’ que vos te imaginás… Si esperás… abrite a la sorpresa del Dios que viene y no del ‘dios’ que vos te hacés… Vos, hombre, y todos los hombres, tienen siempre la misma tentación: hacer un ‘dios’ a la imagen de ustedes mismos. Yo te digo hombre, yo Dios de vivos, soy un Dios más allá de tus invenciones.
Vos, hombre, y tantos otros, salen a ver dónde está Dios… Se dicen: “aquí está” pero no lo ven, y se sienten desanimados porque Dios no está donde les dijeron…
Y Dios está vivo. Pero ustedes no tienen mentalidad de Reino: no descubren a Dios en lo sencillo. Les parece que lo sencillo es demasiado poco para que allí esté Dios. Sépanlo: Yo, el Señor Dios, estoy en lo sencillo y pequeño…
Hombre de hoy y de siempre: dejá espacio a tu Dios dentro de tu corazón. Sólo puedo nacer y crecer donde mi palabra es recibida y escuchada.
Qué tranquilo te quedás, hombre, haciendo “lo que hay que hacer” porque “haciendo las cosas de siempre” evitás la novedad del Evangelio. Pero yo te digo que tu corazón queda cerrado, y tus ojos incapaces de ver el camino por donde yo llego. No te defiendas, hombre, como hacés siempre. No te escondas bajo ritos vacíos. Salí a ver al Bautista en el Jordán. Allí vas a ver que los únicos no convertidos son siempre los que se saben justificar.
Hombre, si me esperás, dejá de hacerme vos el camino, y emprendé el camino que Yo te señalo por boca de los profetas. Abrí el corazón a mi Palabra.
Yo, tu Dios, hablé.
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Carta de Cristo

Mi querido amigo (a):
Hoy quiero escribirte porque quiero conversar contigo… Sí, quiero hablarte con la voz del corazón y escuchar la voz del tuyo. Hace tiempo que te estoy esperando; sé que mantienes muchas cosas entre manos, que no tienes tiempo… pero, mi amor por ti es superior a todo lo que tengas que hacer, y por eso, hoy decidí escribirte.
Ah, se me había olvidado decirte quién soy; pero ¿no es verdad que tu ya sabes quién es el que te escribe?
Soy yo, Jesús, el hijo de María, tu amigo y salvador.
Dime amigo: ¿te cuesta creer? Para mí es tan importante contar con tu fe, porque quiero que me hagas presente vivo entre los hombres. ¿Te gustaría participar conmigo en esta gran misión de salvar la humanidad y llevar mi amor a los hermanos?
A mis amigos les he dicho que yo soy “La luz del mundo”, pero, ¿sabes una cosa? Yo te necesito a ti para disipar tantas sombras que oscurecen la vida de los hombres.
¿Acaso no te das cuenta que el pecado ha enceguecido muchas mentes y endurecido muchos corazones?
Y… ¿tú mismo, no tienes la experiencia de la oscuridad en tu propia vida? ¿Quieres entonces, que compartamos hoy de tú a tú, esa situación tuya que te quita la paz e impide tu crecimiento interior?
¿Qué es lo que te está destruyendo, qué te pasa? Acaso ¿la impureza…, la incredulidad…, el egoísmo…, la mentira…, el desamor…, ha manchado tu juventud y por eso te sientes inquieto? Háblame con toda confianza, pues quiero ayudarte, brindarte mi amor misericordioso y sanarte con mi gracia.
Al decirle un día a mis amigos que mi Cuerpo era verdadera comida y mi Sangre verdadera bebida, muchos dieron un paso atrás y rompieron su amistad conmigo. Al preguntarle a los doce si también querían dejarme, Pedro me contestó: “Señor, ¿a quién iremos? Sólo tú tienes palabra de vida eterna”.
Ahora dime tú, amigo (a), que eres joven y amas la vida ¿qué estás haciendo con tu juventud? ¿qué es lo que buscas? ¿qué es lo que anhelas?
Háblame, aquí estoy para escucharte… ánimo… No tengas miedo…, Yo estoy contigo. Yo he vencido la muerte y el dolor. Tu corazón puede descansar seguro en el mío, porque sólo quiero que tengas vida y la tengas en abundancia; para esto me envió mi Padre, que es también tu Padre; Él te ama tanto que me envió para salvarte… ¿Te das cuenta cuan inmenso es el amor de Dios por ti? Esta carta me está saliendo un poco larga, ¡pero créeme que estoy feliz comunicándome contigo!
Perdóname, pero quiero hacerte una pregunta, la misma que un día le hice a un amigo: “Pedro… ¿me amas? ¿como me lo aseguras? ¿Por qué no examinas un poco tu comportamiento con los hombres, mis hermanos, antes de responderme?
¡Gracias! Un millón de gracias por escucharme… por lo que me has confiado… y también por la respuesta que acabas de dar.
No olvides nunca que si te sientes cansado o triste, puedes contar conmigo, yo te aliviaré… Eso sí, trata de aprender de mí que Soy manso y humilde de corazón…
Bueno, hasta pronto, saluda a los tuyos, a todos los que amas… Diles que siempre los estoy esperando, porque mi amor por ti es eterno y no se agota jamás.
Para ti la fuerza de mi amor y el de mi Padre que es el mismo…
No me olvides nunca… “Yo jamás te abandonare”
Tu amigo de siempre:
Jesucristo
(Espero tu respuesta)
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