Sitio web de la Parroquia San Miguel Arcángel – Rosario – Argentina

A

A Jesús Crucificado

A vos corriendo voy, brazos sagrados,
en la cruz sacrosanta descubiertos,
que para recibirme estáis abiertos,
y para no castigarme estáis clavados.

A vos, divinos ojos eclipsados,
de tanta sangre y lágrimas cubiertos,
que para perdonarme estáis despiertos
y para no confundirme estáis cerrados.

A vos, clavados pies para no huirme;
a vos, cabeza baja, por llamarme;
a vos, sangre vertida para ungirme;
a vos, costado abierto quiero unirme;
a vos, clavos preciosos quiero atarme
con ligadura dulce, estable, firme.

Juan M. García T., poeta colombiano

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Amor incondicional

A menudo el guía espiritual hablaba a sus discípulos sobre el verdadero amor, el que no se impone ni exige, el que está libre de actitudes egocéntricas, posesividad o apego. Pero a nadie le es fácil siquiera comprender ese elevado tipo de amor que es más expansivo, altruísta y libre. Tampoco los discípulos terminaban de entender qué era realmente el amor incondicional, libre de ataduras y contaminaciones, omniabarcante y desinteresado, basado en la benevolencia y la compasión, capaz de impregnar a todos los seres. Ante la incapacidad de sus discípulos para terminar de comprender sus enseñanzas, el maestro les dijo:
-Mañana haremos todos una larga excursión. Pero antes de venir a buscarme, pasad por el florista y traed una rosa.
Semejante solicitud dejó estupefactos a los discípulos, pero al amanecer y antes de ir a buscar al preceptor, compraron una fragante rosa. Tras reunirse con el mentor, emprendieron una larga caminata, hasta llegar a una zona desértica. El maestro les pidió:
-Fijad la rosa por el tallo en la arena del desierto. Extrañados, los discípulos así lo hicieron. Entonces el mentor les preguntó:
-Decidme, amados míos, ¿seguirá la rosa exhalando su aroma aunque nos retiremos y no haya nadie para olerlo?
-Claro que sí, maestro -repusieron al unísono.
-Otra pregunta, queridos míos, ¿aunque no haya nadie para contemplarla, seguirá la rosa exhibiendo toda su hermosura?
-Por supuesto, maestro, seguirá haciéndolo.
Y el preceptor aseveró:
-Pues así es el verdadero amor. Se exhala aunque no haya nadie para recogerlo e incluso aunque nadie quiera recogerlo.

REFLEXIÓN

El verdadero amor, o sea el amor incondicional y menos egoísta, es una actitud. Cuando uno recupera esa actitud amorosa, su afecto no es unidireccional ni excluyente, sino que se irradia en todas direcciones y hacia todos los seres, como una maravillosa fragancia que no requiere ser correspondida ni recompensada.
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Andar en bicicleta con Dios

Al principio veía a Dios como el que me observaba, como un juez que llevaba cuenta de lo que hacía mal, como para ver si merecía el cielo o el infierno cuando muriera.
Era como un presidente, reconocía su foto cuando la veía, pero realmente no lo conocía.
Pero luego reconocí a mi Poder Superior, parecía como si la vida fuera un viaje en bicicleta,
pero era una bici de dos, y noté que Dios viajaba atrás y me ayudaba a pedalear.
No sé cuando sucedió, ni me di cuenta cuando fue que El sugirió que cambiáramos lugares,
pero mi vida no ha sido la misma desde entonces… mi vida con Dios es muy emocionante.
Cuando yo tenía el control, yo sabía a donde iba. Era un tanto aburrido y predecible. Era la distancia más corta entre dos puntos. Pero cuando El tomó el liderazgo, todo cambió… El conocía otros caminos, caminos diferentes, hermosos, por las montañas, a través de lugares con paisajes, increíbles parajes. Lo único que podía hacer era sostenerme, aunque pareciera una locura, El solo me decía… Pedalea!!.
Me preocupaba y ansiosamente le preguntaba, “A dónde me llevas?” El solo sonreía y no me contestaba, así que comencé a confiar en El.
Me olvidé de mi aburrida vida y comencé una aventura, y cuando yo decía “estoy asustado”, El se inclinaba un poco para atrás y tocaba mi mano.
El me llevó a conocer gente con dones, dones de sanidad y aceptación, de gozo. Ellos me dieron esos dones para llevarlos en mi viaje. Nuestro viaje, de Dios y mío.
Y allá íbamos otra vez. El me dijo “Comparte estos dones, dalos a la gente, son sobrepeso, mucho peso extra”. Y así lo hice a la gente que conocía y a los que no.
¡Encontré que en el dar yo recibía y mi carga era ligera!.
No confié mucho en El al principio, en darle el control de mi vida. Pensé que la echaría a perder, pero… ¡El conocía cosas que yo no, acerca de andar en bici!. El sabía como doblar para dar vueltas cerradas, brincar para librar obstáculos llenos de piedras, inclusive volar para evitar horribles caminos.
Y ahora estoy aprendiendo a callar y pedalear por los más extraños lugares, y estoy aprendiendo a disfrutar de la vista y de la suave brisa en mi cara y sobre todo de la increíble y deliciosa compañía de mi Dios.
Y cuando estoy seguro de que ya no puedo más, El solo sonríe y me dice… “PEDALEA!!!
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Aguanta un poco más todavía no es tiempo

Se cuenta que en Inglaterra había una pareja que gustaba de visitar las pequeñas tiendas del centro de Londres. Al entrar en una de ellas se quedaron prendados de una hermosa tacita.
-“Me permite ver esa taza?” pregunto la señora, “¡nunca he visto nada tan fino!”
En las manos de la señora, la taza comenzó a contar su historia: “Usted debe saber que yo no siempre he sido la taza que usted esta sosteniendo.
Hace mucho tiempo yo era solo un poco de barro. Pero un artesano me tomo entre sus manos y me fue dando forma. Llego el momento en que me desespere y le grite: “¡Por favor..ya déjeme en paz…!” Pero mi amo solo me sonrió y me dijo: …”Aguanta un poco mas, todavía no es tiempo”.
Después me puso en un horno. ¡Nunca había sentido tanto calor!…. toque a la puerta del horno y a través de la ventanilla pude leer los labios de mi amo que me decían: …”Aguanta un poco mas, todavía no es tiempo.”
Cuando al fin abrió la puerta, mi artesano me puso en un estante. Pero, apenas me había refrescado, me comenzó a raspar, a lijar. No se como no acabó conmigo. Me daba vueltas, me miraba de arriba a abajo. Por ultimo me aplico meticulosamente varias pinturas…Sentía que me ahogaba… “Por favor déjame en paz”, le gritaba a mi artesano; pero el solo me decía:…”Aguanta un poco mas, todavía no es tiempo.”
Al fin, cuando pensé que había terminado aquello, me metió en otro horno, mucho mas caliente que el primero. Ahora si pensé que terminaba con mi vida.
Le rogué y le imploré a mi artesano que me respetara, que me sacara, que si se había vuelto loco. Grité, lloré; pero mi artesano solo me decía: “Aguanta un poco mas, todavía no es tiempo.”
Me pregunté entonces si había esperanza… si lograría sobrevivir aquellos tratos y abandonos. Pero por alguna razón aguanté todo aquello. Fue entonces que se abrió la puerta y mi artesano me tomo cariñosamente y me llevo a un lugar muy diferente. Era precioso. Allí todas las tazas eran maravillosas, verdaderas obras de arte, resplandecían como solo ocurre en los sueños. No pasó mucho tiempo cuando descubrí que estaba en una fina tienda y ante mi había un espejo. Una de esas maravillas era yo. ¡No podía creerlo! ¡Esa no podía ser yo!
Mi artesano entonces me dijo: “Yo se que sufriste al ser moldeada por mis manos, mira tu hermosa figura. Se que pasaste terribles calores, pero ahora observa tu sólida consistencia, se que sufriste con las raspadas y pulidas, pero mira ahora la finura de tu presencia… y la pintura te provocaba nausea, pero contempla ahora tu hermosura.. y, ¿si te hubiera dejado como estabas? ¡”Ahora eres una obra terminada! !lo que imaginé cuando te comencé a formar!”.

Reflexión:

Tú eres una tacita en las manos del mejor alfarero: Dios. Confíate en sus amorosas manos aunque muchas veces no comprendas por qué permite tu sufrimiento. AGUANTA UN POCO MAS Y SERÁS EL MAS PERFECTO RESULTADO DE TU ALFARERO.

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Amor en el tarrito de la leche

Un hecho real, dos hermanitos, provenientes de una villa, uno de ellos de cinco años y el otro de diez, iban pidiendo un poco de comida por las casas. Estaban hambrientos.
-Vayan a trabajar y no pidan – se oída de detrás de las puertas.
-Aquí no hay nada para regalar – decía otro
Las múltiples tentativas frustradas entristecían a los niños…
Por fin una señora muy atenta les dice:
-Voy a ver si tengo alguna cosa para ustedes… pobrecitos!!
Ella volvió con un tarrito de leche. Que fiesta!! Ambos se sentaron en el cordón de la vereda. El menorcito le dijo al de 10 años:
-vos sos más grande, tomá primero…
Y miraba para él con sus dientes blancos, la boca semiabierta, meciendo la punta de la lengua.
Yo como un tonto contemplaba la escena… Si ustedes viesen al más viejo mirando de costado al pequeñito! Se lleva la lata a la boca e, fingiendo beber, apreta fuertemente los labios para que por ellos no penetre una sola gota de leche. Después, extendiendo la lata, le dice al hermano:
-Ahora es tu turno, sólo un poco.
Y el hermanito, dando un gran trago exclama:
-Cómo esta rica!!
-Ahora yo, dice el mayor
Y llevando levantando la latita, ya medio vacía, a la boca, no bebe nada.
“Ahora vos”, “ahora yo”, “ahora vos”, “ahora yo”, decían ellos.
Y después de cuatro, cinco o seis tragos, el menorcito de cabellos enrulados, barrigoncito, con la camisa afuera, se acaba la leche toda… él solo.
Ese “ahora vos”, “ahora yo”, lleno mis ojos de lágrimas
Y entonces sucedió algo que me pareció extraordinario. El mayor comenzó a cantar, a bailar, a jugar fútbol con la lata de leche. Estaba radiante, el estómago vacío, pero el corazón desbordante de alegría. Estaba con la naturalidad de quien no hace nada extraordinario, o mejor aún, con la naturalidad de quien esta habituado a hacer cosas extraordinarias sin darles mayor importancia.

Reflexión:

“Quien da es más feliz que quien recibe” Es así como nosotros tenemos que amar. Sacrificándonos con tal naturalidad, con tal elegancia, con tal discreción, que los otros ni siquiera puedan agradecernos el servicio que nosotros le prestamos. Vamos levántese y haga lo que sea necesario.

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