Sitio web de la Parroquia San Miguel Arcángel – Rosario – Argentina

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El contestador telefónico de Dios

¿Que sucedería si Jesús decidiera instalar un contestador telefónico automático en el cielo?

Imaginate a vos mismo orando y escuchando el siguiente mensaje:
“Gracias por llamar a la Casa de mi Padre…
Por favor seleccione una de las siguientes opciones:
Para “peticiones”–> Presione 1
Para “acciones de gracias”. –> Presione 2
Para “quejas”. –> Presione 3
Para cualquier otro asunto.” –> Presione 4 
Imaginate que Dios usara la excusa tan conocida…
“De momento todos nuestros ángeles están ocupados, atendiendo a otros feligreses. Por favor manténgase orando en la línea y su llamada será atendida en el orden que fue recibida.”
Te imaginás obteniendo este tipo de respuestas cuando llamás a Dios en tu oración?
Si desea hablar con Pedro, presione 5.
Con el Arcángel Miguel, presione 6.
Con cualquier otro ángel, presione 7.
Si desea que el Rey David le cante un Salmo, presione 8.
Si desea hacer reservaciones para la casa de mi Padre, simplemente presione:
J U A N, seguido de los números 3, 1 6.
Si desea obtener respuestas a preguntas sobre los dinosaurios, la edad de la Tierra, OVNIs, donde está el Arca de Noé, por favor espere a llegar al Cielo.
Te imaginas lo siguiente en tu oración…?
“Nuestra computadora señala que ya llamó otra vez hoy, por favor cuelgue inmediatamente y despeje la línea para otros que quieren también orar” …
O bien: “Nuestras oficinas estarán cerradas el fin de semana, por causa de Semana Santa; por favor vuelva a llamar el lunes.”
GRACIAS A DIOS que esto no sucede…
GRACIAS A DIOS que le puedes llamar en oración cuantas veces necesites…
GRACIAS A DIOS que a la primera llamada EL siempre te contesta…
GRACIAS A DIOS porque en JESÚS y con JESÚS nunca estará la línea ocupada…
GRACIAS A DIOS que EL nos responde personalmente y nos conoce por nuestro nombre…
GRACIAS A DIOS que EL conoce nuestras necesidades antes de que se las manifestemos…
GRACIAS A DIOS porque de nosotros depende llamarle en ORACIÓN…
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El amigo del hijo

Era la reunión del domingo por la noche de un grupo apostólico en una parroquia. Después que entonaron unas canciones, el sacerdote de la iglesia se dirigió al grupo y presentó a un orador invitado; se trataba de uno de sus amigos de la infancia, ya entrado en años.
Mientras todos lo seguían con la mirada, el anciano ocupó el púlpito y comenzó a contar esta historia:
“Un hombre junto con su hijo y un amigo de su hijo estaban navegando en un velero a lo largo de la costa del Pacífico, cuando una tormenta les impidió volver a tierra firme. Las olas se encresparon a tal grado que el padre, a pesar de ser un marinero de experiencia, no pudo mantener a flote la embarcación, y las aguas del océano arrastraron a los tres.”
Al decir esto, el anciano se detuvo un momento y miró a dos adolescentes que por primera vez desde que comenzó la plática estaban mostrando interés; y siguió narrando:
“El padre logró agarrar una soga, pero luego tuvo que tomar la decisión más terrible de su vida: Escoger a cuál de los dos muchachos tirarle el otro extremo de la soga. Tuvo sólo escasos segundos para decidirse. El padre sabía que su hijo era un buen cristiano, y también sabía que el amigo de su hijo no lo era. La agonía de la decisión era mucho mayor que los embates de las olas.”
“Miró en dirección a su hijo y le gritó: ¡TE QUIERO, HIJO MIO! y le tiró la soga al amigo de su hijo. En el tiempo que le tomó al muchacho llegar hasta el velero volcado en campana, su hijo desapareció bajo los fuertes oleajes en la oscuridad de la noche. Jamás lograron encontrar su cuerpo.”
Los dos adolescentes estaban escuchando con suma atención, atentos a las próximas palabras que pronunciara el orador invitado.
“El padre” -continuó el anciano- “sabía que su hijo pasaría la eternidad con Cristo, y no podía soportar el hecho de que el amigo de su hijo no estuviera preparado para encontrarse con Dios. Por eso sacrificó a su hijo. ¡Cuán grande es el amor de Dios que lo impulsó a hacer lo mismo por nosotros!”
Dicho esto, el anciano volvió a sentarse, y hubo un tenso silencio. Pocos minutos después de concluida la reunión, los dos adolescentes se encontraron con el anciano. Uno de ellos le dijo cortésmente:
“Esa fue una historia muy bonita, pero a mí me cuesta trabajo creer que ese padre haya sacrificado la vida de su hijo con la ilusión de que el otro muchacho algún día decidiera seguir a Cristo.”
“Tienes toda la razón”, le contestó el anciano mientras miraba su Biblia gastada por el uso. Y mientras sonreía, miró fijamente a los dos jóvenes y les dijo:
“Pero esa historia me ayuda a comprender lo difícil que debió haber sido para Dios entregar a su Hijo por mí. A mí también me costaría trabajo creerlo si no fuera porque el amigo de ese muchacho que fue devorado por las aguas era yo.”
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El convicto liberado

Una historia que nos enseña a reconocernos pecadores

Cada año, con motivo de las fiestas de aniversario de su coronación, el rey de un pequeño condado liberaba a un prisionero. Cuando cumplió 25 años como monarca, el mismo quiso ir a la prisión acompañado de su Primer Ministro y toda la corte para decidir cuál prisionero iba a liberar.
– “Majestad”, dijo el primero, “yo soy inocente pues un enemigo me acusó falsamente y por eso estoy en la cárcel”.
– “A mí”, añadió otro, “me confundieron con un asesino pero yo jamás he matado a nadie”.
– “El juez me condenó injustamente”, dijo un tercero.
Y así, todos y cada uno manifestaba al rey porque razones merecían precisamente la gracia de ser liberados.
Había un hombre en un rincón que no se acercaba y que por el contrario permanecía callado y algo distraído. Entonces, el rey le preguntó: “Tu, ¿porque estás aquí?
– El hombre contestó: “Porque maté a un hombre majestad, yo soy un asesino”.
– “¿Y por qué lo mataste?”, inquirió el monarca.
– “Porque estaba muy violento en esos momentos”, contestó el recluso.
– “¿Y por qué te violentaste?”, continuó el rey.
– “Porque no tengo dominio sobre mi enojo”
Pasó un momento de silencio mientras el rey decidía a quien liberaría. Entonces tomó el cetro y dijo al asesino que acaba de interrogar: “Tú sales de la cárcel”.
– “Pero majestad”, replicó el Primer Ministro, “¿acaso no parecen más justos cualquiera de los otros?”
– “Precisamente por eso”, respondió el rey, “saco a este malvado de la cárcel para que no eche a perder a todos los demás que parecen tan buenos.”

REFLEXIÓN

El único pecado que no puede ser perdonado es el que no reconocemos. Es necesario confesar que somos pecadores y no tan buenos como muchas veces tratamos de aparentar.
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El hijo más amado

Cierto día un celebre periodista consiguió una entrevista con Dios Padre.
Lo primero que le llamo la atención es lo joven que era el Creador. De Viejecito con barbas como lo imagino Daniel nada. De nada. Era la plenitud de la juventud.
Durante la conversación el periodista pregunto.
Señor. ¿a que seres humanos quieres más?.
Dios sonrió, y guiñando un ojo a su Hijo Jesús que estaba sentado justo a su derecha. Padre e Hijo se veian iguales. Dijo al periodista.
“A ver si lo adivinas”.
Pues. Me imagino que a las personas que entregan su vida al servicio de los demás. Como la Madre Teresa. O el Padre Kolbe.
Si, si, los quiero mucho. Pero no son a quien quiero más.
El periodista fue nombrando todas las personas que se dedican al servicio de Dios en sus hermanos. Y empezo con los que templan a Dios con su oración.
Ya se. Señor. Las monjas y los sacerdotes.
También, también los quiero pero no son a quien quiero más.
Ya se, los niños inocentes. Los humildes que creen en Ti.
Si los quiero pero no son los que quiero más.
Pues ya no queda nadie. Señor.
Si, quedan respondió Dios. Los que dicen que yo no existo. Y les gustaria. ¡pobres hijos! Que fuese cierto.
Los que me insultan blasfemando contra mí.
Los que quebrantan mis leyes. Y dicen que tienen el poder de cambiarlas. Los impíos y pecadores empedernidos.
Si esos son los hijos a los que quiero más.
Ateos. No puede ser. Señor, estas de broma. Como vas amar tu negación.
No. No amo su ateismo. Los amo a ellos porque están ciegos y no me ven.
Yo los cuido sin que se den cuenta. Y que alegron me dan cuando alguno de ellos. Me descubre a su lado.
Si tu tuvieses un hijo ciego. ¿no lo ibas a querer?. Ellos son mis hijos. Aunque sean ciegos.
Sin embargo. A mi me enseñaron que los ateos iban todos al infierno. o sea que serán tus hijos más queridos pero Tu los mandas al infierno.
Yo no mando a nadie al infierno. eso es una calumnia. Al infierno va quien lo escoge con su vida. Yo os hice libres.
Ya, ya. ¿Pero los ateos van o no van al cielo.?
Bueno. Tengo mis trucos. A veces les doy unos fogonazos de gracia tan fuertes que no les queda más remedio; que ceder ante mi gracia.
Otras aquí mi Hijo. Ha hecho unos arreglos en sus “papeles” y como Él ha comprado un pedazo de cielo para cada ser humano. Pues todo arreglado.
¿qué papeles? Señor.
Pues cuando un hombre bueno. Pero que no reconoce mi existencia. Dice.
Para mi lo importante es la belleza. Y se consagra a su búsqueda. Yo se lo premio. Como si me buscase a mi.
Porque la Verdadera belleza soy Yo. Y lo mismo con el que busca la Verdad.
En esto Jesús. Sonrió a su Padre. Y le dijo “Abba. La Verdad soy Yo. Tu y Yo Hijo. De la Nube que cubría el Trono celestial salió Una Voz que era la misma. Y Yo. Los Tres somos la misma cosa.
Has visto a mi familia. Continuo contigo hijo. Si busca la Verdad. Es que me busca a mi. Lo mismo si lo hace con la Justicia.
¿Y que pasa Señor, si cree en Ti, pero maltrata a los demás. No cumple tus leyes?
También intento curarlo. Son otros de los hijos que más quiero.
Pero no se cree en Mi, ni se me adora. Por rezar ante un altar o por seguir los ritos de una religión eso a veces es una idolatría. Hay muchos que me han convertido en un ídolo.
Quien no ama a su hermano, no me ama a mi.
El periodista pidió la bendición de Dios y abandono el cielo.
Mejor dicho despertó de su sueño.
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